
Llevo varias siestas de las que me despierto con el recuerdo de pesadillas más o menos intensas. El calor hace que me levante empapada en sudor, angustiada y sin saber donde estoy.
Tras una hora corta de sueño, me levanto desorientada, asustada... y con la sensación de sueños recurrentes.
De un tiempo a esta parte las cosas son así.
Por las noches, las pastillas y sus mezclas hacen que tenga sueños en blanco, sin angustías. Eso me permite dormir seis o siete horas seguidas, lo que es una bendición. Por más que quiera, cuando bajo la dosis o la olvido, las noches se me van de hora en hora. Sólo en la madrugada consigo enlazar dos o tres horas de sueño profundo.
Los sueños: actividad cerebral que no controlo pero que pueden convertirse en mis peores enemigos.
Los sueños, que me hacen tener esperanzas... pero esos son otros sueños más agradables.
Otro día soñaré despierta...
