jueves, 4 de marzo de 2010

Sexto día


La erosión natural cambia la cara de la Tierra.

La erosión de la vida cambia al hombre.

A ella le tocó un terremoto, un sunami y un volcán. Todo a la vez.

En el sexto día, ese en el que había puesto tantas esperanzas, ese que había esperado durante tanto tiempo, fue el mayor desastre para su devenir.

Y tuvo que recurrir de nuevo a la coraza. Puso un límite muy claro entre ella y el mundo.

Ahora su coraza no le impedía ver las estrellas ni mojarse con la lluvia. Su coraza era más pequeña, apenas lo suficientemente grande como para tapar sólo su dolorido corazón. EL resto quedaba al descubierto, para sentir los rayos del sol, el viento y la belleza de las cosas.

Aprendió qué lo importante era protegerse de lo grande, de lo que no podía manejar. Aprendió que lo pequeño, lo simple, era lo que la podía salvar de aquel fuego que la consumía. Y el volcán se apagó, las aguas volvieron a sus profundidaes y las placas de tierra se asentaron.

En el sexto día, hacia el atardecer, dejó que el tiempo pasara, que de nuevo los elementos, suavemente, modelaran su piel, cansada ya de tantos cambios bruscos.

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