domingo, 27 de julio de 2008

Segundo día


Para vivir no hace falta sólo con nacer. También es necesario sentir.

Y hay personas a las que desde su más tierna infancia, les es negado sentir el calor de los afectos, la ternura de los abrazos y la dulzura de los besos maternos.

Eso le pasó a Ella, como a la Tierra. Una vez creada fue abandonada a su destino. Los elementos la formaron poco a poco, modelaron su interior y su exterior con rudeza, marcándola con el fuego, el aire, las fuerzas incontrolables del movimiento las placas, el agua y las piedras fundidas.

Ella se curtío en la soledad acompañada, en el frío de un invierno eterno, sin saber que fuera comenzaba una tibia primavera.

Tras eones de soldad, negrura y silencios, un tímido rayo de luz pudo atravesar el cielo plomizo que la rodeaba.

Su piel notó, por primera vez, el templado toque amarillento de un amanecer cargado de esperanzas.

Lo siguente que sintió sucedió en el tercer día.

martes, 22 de julio de 2008

El primer día


Todas las cosas tienen un principio. Esta historia comienza en uno de esos primeros días. El principio fue un nacimento. Luego un abandono. Eso no duele cuando no lo sabes.
El mundo nació, pues, sin saber que le iban a abandonar a su destino. A Ella también.
Pero lo que sigue forma parte del segundo día.

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Maestra de vocación vieja. Lectora impertinente. Solitaria por voluntad. Madre amantísima. Ansiosa por saber.