domingo, 9 de enero de 2011

Séptimo día

Descansó en el séptimo.
Se aplacaron las aguas, se remansó el río y las arenas de los desiertos dibujaron en el horizonte dunas suaves y doradas.
Atrás quedaron las estrellas fugaces y los volcanes ardientes. Olvidadas las erosiones del tiempo que cambiaban su rostro.
La tierra se durmió lentamente, dejando pasar los días y los años en un suave balanceo.
Nada podría ya perturbar la paz alcanzada. Porque la determinación anidó en su corazón.
Olvidó glorias pasadas y futuros imposibles. Se aferró a la calma del viento con sus velas blancas y cansadas. Se replegó a la orilla de su isla, dejando a la deriva los deseos ardientes y los sueños imposibles.
Así terminó su creación particular, sus siete días...

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