Descansó en el séptimo.
Se aplacaron las aguas, se remansó el río y las arenas de los desiertos dibujaron en el horizonte dunas suaves y doradas.
Atrás quedaron las estrellas fugaces y los volcanes ardientes. Olvidadas las erosiones del tiempo que cambiaban su rostro.
La tierra se durmió lentamente, dejando pasar los días y los años en un suave balanceo.
Nada podría ya perturbar la paz alcanzada. Porque la determinación anidó en su corazón.
Olvidó glorias pasadas y futuros imposibles. Se aferró a la calma del viento con sus velas blancas y cansadas. Se replegó a la orilla de su isla, dejando a la deriva los deseos ardientes y los sueños imposibles.
Así terminó su creación particular, sus siete días...
domingo, 9 de enero de 2011
jueves, 4 de marzo de 2010
Sexto día

La erosión natural cambia la cara de la Tierra.
La erosión de la vida cambia al hombre.
A ella le tocó un terremoto, un sunami y un volcán. Todo a la vez.
En el sexto día, ese en el que había puesto tantas esperanzas, ese que había esperado durante tanto tiempo, fue el mayor desastre para su devenir.
Y tuvo que recurrir de nuevo a la coraza. Puso un límite muy claro entre ella y el mundo.
Ahora su coraza no le impedía ver las estrellas ni mojarse con la lluvia. Su coraza era más pequeña, apenas lo suficientemente grande como para tapar sólo su dolorido corazón. EL resto quedaba al descubierto, para sentir los rayos del sol, el viento y la belleza de las cosas.
Aprendió qué lo importante era protegerse de lo grande, de lo que no podía manejar. Aprendió que lo pequeño, lo simple, era lo que la podía salvar de aquel fuego que la consumía. Y el volcán se apagó, las aguas volvieron a sus profundidaes y las placas de tierra se asentaron.
En el sexto día, hacia el atardecer, dejó que el tiempo pasara, que de nuevo los elementos, suavemente, modelaran su piel, cansada ya de tantos cambios bruscos.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
quinto día

Entoces volvió a saber de oscuridades, de inseguridades, de miedos.
La cabaña que se había construido al final del cuarto día, con tanta ilusión, con tanto amor, fue presa del tiempo. Las tormentas, el frío y el calor la fueron destruyendo poco a poco. El quinto día fue muy largo. Y terminó cuando una marejada arribó a su playa y arrastró con sus aguas los restos de la cabaña. Restos que quedaron flotando en el mar, a la deriva. Esperando que alguien los reconstruyera, que a algún náufrago, en otra isla, le sirviesen de algo.
Dolía ver tanto trababajo, tiempo y esfuerzo flotando en las azules aguas salinas. Dolia no poder recomponer lo amado durante tanto tiempo. Pero en el horizonte se divisaba una nueva isla. Una isla por explorar, llena de posibilidades, de luz, de palmeras cargadas de esperanzas.
El quinto día comenzó mal, pero terminó en un camino que parecía llevarla a la felicidad, esa cosa de la que conocía tan poco y de la que esperaba tanto...
El sexto día, pensó, podía ser el primero del resto de sus días...
domingo, 26 de julio de 2009
Quinto día
Mientras que la Tierra se enfriaba y tomaba su forma actual, ella conocía los placeres ocultos y la belleza de las cosas. La costra se resquebrajó, lentamente, dejando fluir esencias de vida. Aprendio que sí había amores incondicionales, que la caricia sabía a caricia y que los ojos podían ver más allá de la realidad si los cerraba con fuerza.
Y en su corazón una luciérnaga se mecía en las noches de verano, iluminando ese rincón oscuro y tenebroso con un amarillento amanecer.
Pareciera que se iba reconciliando con la vida y su creador. Pero las tormentas del verano son violentas y fulminantes. Los fuegos pavorosos y destructores. Después de tanta belleza, de tanto fluir, un terrible huracán agitó su pequeño cuerpo. El viento la bamboleó como brizna de pradera y la arrojó al borde del barranco, agotada en su lucha por aferrarse a lo que creía que era su única realidad.
El quinto día fue hermoso, largo y fructífero. Pero cuando cayeron las luces y llego su noche, un inmenso tunel oscuro la dirigió hacia el sexto día. Un preludio del infierno, un aviso del desastre final.
sábado, 3 de enero de 2009
Cuarto día
En el cuarto día salió de su caparazón. El mundo se mostraba ante ella enorme, sin límites.
Aprendió a moverse por su corteza con pasos cortos e inseguros. Descubrió a otros como ella, que comenzaban a descubrir el mundo. Pero la crueldad la atacó de nuevo. No estaba preparada, nunca lo había estado, para recibir la lluvia y el sol, las risas y los llantos, el amor y el odio.
Tode era una novedad, pero no sabía separar la paja del grano. Y así comenzo a distinguir lo bueno de lo malo, pero siempre con miedo, siempre encerrada en su caparazón. No entendía lo que sucedía a su alrededor y mantuvo la postura todo lo que pudo.
Fue aprendiendo a que no le doliera lo que desconocía y a vivir despacio, pero sin implicarse demasiado.
En cada golpe que recibía buscaba una caricia y de cada caricia temía un golpe.
En aquel cuarto día, tan largo y doloroso como el tercero, conoció de sí misma sus miedos y sus inseguridades. Puso en práctica lo que tan bien le habían enseñado, a ocultarse para que no la dañaran.
Pero se confundió. No supo ver que las cosas podían ser de otra forma. Que a veces la querían de verdad. Que no todo era apariencia.
Al final del día descubrió el amor. Pero no supo manejarlo. No sabía lo que era.
En conocerlo se le fue el final del cuarto día.
viernes, 21 de noviembre de 2008
Tercer día
En el tercer día, descubrió la luz apagada de las estrellas. Como un animalillo muerto de frío se arrimó a una piel en apariencia humana. Un poco de calor, no pedía más, una mirada dulce, una voz amable.
Entró en un mundo de espejismos, de apariencias, donde nada de lo que veía ere real. Aquello que deseaba se cumplía, pero al revés.
Cuanto más amor demadaba, más la rechazaban. Cuanto más quería aprender más le negaban. Cuanto menos quería padecer más le martirizaban.
Y llego el momento en que se hizo una coraza. Tan dura y resistente, que con sus tres días de vida ya no tenía una sola grieta por la que puediera pasar el calor del sol y la brisa del mar.
Se sentó en su orilla del mundo a ver como pasaba el tiempo.
Contempló cambios y giros en las estrellas de la noche, pero para ella todo aquello le era ajeno.
Y dejó de esperar para seguir...
Y así pasaron muchos terceros días, agrandando su coraza y perdiendo sus esperanzas.
El corazón se le hizo un nudo y la boca se taponó para no decir. Las lagrimas, inútiles, dejaron de fluir y se negaron a ser motivo de burla.
Y el universo siguió su rumbo mientra ella dormitava en su tercer día.
Hasta que llegó el cuarto, ese cuarto día, en el que...
domingo, 27 de julio de 2008
Segundo día
Para vivir no hace falta sólo con nacer. También es necesario sentir.
Y hay personas a las que desde su más tierna infancia, les es negado sentir el calor de los afectos, la ternura de los abrazos y la dulzura de los besos maternos.
Eso le pasó a Ella, como a la Tierra. Una vez creada fue abandonada a su destino. Los elementos la formaron poco a poco, modelaron su interior y su exterior con rudeza, marcándola con el fuego, el aire, las fuerzas incontrolables del movimiento las placas, el agua y las piedras fundidas.
Ella se curtío en la soledad acompañada, en el frío de un invierno eterno, sin saber que fuera comenzaba una tibia primavera.
Tras eones de soldad, negrura y silencios, un tímido rayo de luz pudo atravesar el cielo plomizo que la rodeaba.
Su piel notó, por primera vez, el templado toque amarillento de un amanecer cargado de esperanzas.
Lo siguente que sintió sucedió en el tercer día.
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- La dama escéptica
- Maestra de vocación vieja. Lectora impertinente. Solitaria por voluntad. Madre amantísima. Ansiosa por saber.